A lo largo de mi pasión he editado casi 100 vídeos, y la mayoría de las lecciones importantes no tienen que ver con dominar más programas ni más efectos. Tienen que ver con saber qué cortar.
El audio manda antes que la imagen — si el diálogo, la música y el sonido funcionan, el plano casi se elige solo. Y si algo no empuja la historia hacia delante, se corta. Sin excusas, sin apego.
Lo que hace que alguien se quede viendo no es que todo sea intenso todo el rato — es el contraste. Un silencio después del ruido. Un plano quieto después de diez cortes seguidos. La mente se fija en lo que cambia.